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viernes, 17 de abril de 2020

La crítica de Hoxha sobre los bandazos a izquierda y derecha del maoísmo en su política cultural


«La lucha por una cultura proletaria y contra la cultura burguesa y su influencia, es una cosa justa que todos nosotros debemos hacer. Pero, constatamos que en esta Revolución Cultural que se desarrolla en China hay algunas cosas chocantes. La cuestión principal es que «la cultura proletaria comienza y termina en China», «no hay nada mejor en el mundo». Para la propaganda china, los aspectos positivos y progresistas del pensamiento humano no tienen ningún valor, para ella ¡lo único que importa son las «ideas» de Mao Zedong y todo lo que sale de las manos de los chinos! Este espíritu, por el curso que están tomando los acontecimientos en China, no es sano y acarrea grandes peligros, del mismo modo que puede repercutir la exagerada persecución de los intelectuales allí, que nos recuerda las acciones de los yugoslavos y de su agente Kogi Xoxe en nuestro país contra los intelectuales para defender el «núcleo proletario», como decía Kogi Xoxe. Los camaradas chinos que, en muchas cosas, se muestran «ponderados», «lentos», que tienen como principio la «reeducación», que profesan la teoría de las «cien flores» y de las «cien escuelas», ahora han comenzado a hacer las cosas con el hacha grande. Estamos de acuerdo con que el hacha caiga en el sitio preciso y con gran fuerza, estamos de acuerdo con que sea utilizada la escoba, incluso una escoba grande, pero, según apreciamos nosotros, por lo menos a partir de la propaganda que se viene haciendo, la escoba está barriendo toda obra, toda creación literaria, sin tener en cuenta el contenido general progresista de la obra, la época en que ha sido concebida y el papel que ha jugado en aquellas circunstancias. Ni que decir de la literatura progresista mundial y la cultura progresista en general, que para los camaradas chinos no tiene ningún valor, siendo para ellos como un desierto. (...) Hasta ayer, estaba en vigencia la consigna de las «cien flores» y de las «cien escuelas». ¿Cómo fue aplicada y qué resultados dio? ¿Fue comprendida correctamente? ¿Hubo errores en su concepción y en su aplicación? El Comité Central del Partido Comunista de China no responde a estas preguntas. (...) Vemos como los estudiantes en China han cogido las riendas con los dientes y golpean a diestro y siniestro, hasta el punto de que la policía debe intervenir para restablecer el orden y despejar el terreno. Me parece que esto no es justo. Golpear, denunciar, calificar de reaccionarias incluso las cosas progresistas, únicamente porque son antiguas, y hacer esto en momentos revolucionarios y progresistas para tu pueblo, para la historia de tu pueblo, es muy erróneo. Asimismo, permitir a los estudiantes golpear y denunciar a todos los viejos intelectuales y científicos, sin distinción, es muy erróneo. También, permitir a los estudiantes, como se está haciendo en China, manifestar una xenofobia horrorosa, es un gran error, que no tiene nada en común con el internacionalismo proletario, y es no saber trazar la línea de demarcación entre los pueblos del mundo por un lado, y el imperialismo y el capitalismo mundial, por el otro, entre lo que es progresista y lo que es reaccionario. (...) La cultura y la ciencia progresistas revisten una importancia universal y nosotros, en tanto que comunistas, apoyándonos en nuestra ciencia marxista-leninista, que es universal, no echamos abajo la cultura y la ciencia progresistas mundiales de los diversos países y pueblos». (Enver Hoxha; Sobre el culto a Mao; Reflexiones sobre China, Tomo I, 9 de agosto de 1966)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

jueves, 6 de junio de 2019

El seguidismo del PCE (m-l) a las políticas de la «Revolución Cultural» de los revisionistas chinos; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Uno de los grandes mitos para los revolucionarios de los años sesenta fue lo relativo al: «Seguidismo a la Revolución Cultural», ya comentado sobre otros grupos.

Léase por ejemplo el suplemento de la revista Revolución Española llamado Cuadernos marxista-leninista Nº5 titulado «La decisiva importancia para todos los pueblos del mundo de la Gran Revolución proletaria en China» de 1971, allí el PCE (m-l) mostraría que no se diferenciaba en nada a otros grupos maoístas españoles o del exterior en cuanto a la evaluación de dichos eventos. A ejemplo véase en otra de sus publicaciones los epítetos clásicos de aquella época que podrían firmar cualquier partido prochino:

«Gracias a la Gran Revolución Cultural Proletaria dirigida por el Camarada Mao Zedong, el pueblo chino ha sido movilizado y China Popular se ha convertido en el bastión rojo de la revolución mundial. Por tanto, la Gran Revolución Cultural proletaria es, para los pueblos del mundo, una fuente inagotable de enseñanzas y de estímulo revolucionario, y es un ejemplo irrefutable de cómo aislar y derrotar a los grupos revisionistas contrarrevolucionarios a través de la movilización audaz de las masas sobre la base del Pensamiento Mao Zedong». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Mensaje de felicitación del Comité Ejecutivo del PCE (m-l) al Presidente Mao Zedong con ocasión del Noveno Congreso del PC de China, 5 de Abril 1969)

Se rectificaría en 1979:

«A la vista de lo sucedido en aquel vasto movimiento dirigido personalmente por Mao, se puede afirmar que fue un movimiento esencialmente anticomunista y contra el proletariado. Algunos de nosotros presenciamos personalmente estos hechos que confirman lo anterior. Aquel movimiento, bajo la dirección de Mao –insistimos en esto– estaba encabezado por los estudiantes y el ejército, y no como hubiera sido lógico por los comunistas y la clase obrera, pese a que añadían la coletilla «proletaria». Esa «revolución», que hubiera sido justa de haber estado encaminada a combatir las tendencias revisionistas y a los elementos burgueses, como ellos mismos decían en su propaganda, disolvió las organizaciones del partido, los comités, las células, la organización de la juventud, la sindical, etc., y en su lugar surgieron los comités de los «guardias rojos», compuestos, casi exclusivamente por estudiantes y militares. Amparándose en aquel movimiento, distintas camarillas se ajustaron las cuentas entre sí, fue eliminado el revisionista Liu Shao-chi, el siniestro Deng Xiaoping y otros, que luego han sido rehabilitados, incluso en vida de Mao, como ha sido el caso de Deng. Fue un movimiento típicamente anarquista que sólo benefició a la burguesía». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

Sobre este fenómeno ya dijimos:

miércoles, 22 de abril de 2015

Entre partidos marxista-leninistas: evitar unir directrices con consejos y evitar que estos sean en forma de recetas de ingredientes esquemáticos y metafísicos


«A nuestro país llegan camaradas comunistas del extranjero que nos cuentan lo que en China les dicen acerca de cómo organizar el frente en su país, acerca de cómo concertar alianzas. Ahora bien, en estas recomendaciones chinas muchas veces constatamos actitudes tanto sectarias como liberales. Opinamos que, para aconsejar correctamente a los otros partidos, hay que conocer muy bien la situación política de los países donde desarrollan su actividad, y que incluso así hay que ser muy prudente. La cuestión toma un cariz aún más peligroso, cuando no se ha desarrollado correctamente la política del frente, o de las alianzas en el propio país y se pretende ofrecerla a los otros como modelo. 

En concreto pienso –y pudiera ser que me equivocase–, que los camaradas chinos deben mostrarse mesurados en este sentido. En la India, por ejemplo, por lo que sabemos, existen actualmente tres «partidos comunistas». Naturalmente allí nosotros apoyamos a los verdaderos marxista-leninistas, pero si se les aconseja «hacer la Revolución Cultural» o si se les da recetas sobre «la manera de organizar las alianzas y el frente en la India», sin antes haber hecho un análisis del frente, de las alianzas y de la Revolución Cultural en el propio país, se corre el riesgo de desorientar a los camaradas hindúes. 

Nosotros estimamos que los camaradas marxista-leninistas hindúes deben apoyarse en el Partido Comunista de China y solicitar su ayuda, y que ésta debe serles concedida, pero al mismo tiempo pensamos que se debe tener en cuenta que los camaradas hindúes son los únicos responsables de su trabajo, que en este sentido ellos son los más competentes. A ellos y a quienquiera que esté dispuesto a escucharlos, se les puede dar consejos, también se les puede criticar camaraderilmente cuando cometen errores o combatirlos cuando se desvían, pero no darles recetas. Si aplicamos las verdaderas normas marxista-leninistas en las relaciones con los partidos o los grupos, todo marchará bien. El marxismo-leninismo es la ciencia más exacta, la más racional, la más madura, la más infalible, si se aplica correctamente. Si no se aplica correctamente, se cae en la desviación. Reduciendo las cosas simples o complicadas a ciertos estereotipos y queriendo resolverlas con citas y fórmulas hechas, no se conseguirá nada bueno». (Enver Hoxha; Política exterior de China, política de autoaislamiento; Reflexiones sobre China, 14 de julio de 1967)

lunes, 22 de diciembre de 2014

Alineamiento antimarxista; Reflexiones sobre China; Enver Hoxha; 27 de julio de 1971

Hoy queríamos resaltar otro de los puntos interesantes del revisionismo; las alianzas pragmáticas típicas de la política exterior burguesa, y el entendimiento con otras ramas del revisionismo moderno.

Analizando en pleno 1971 la deriva claudicadora del revisionismo chino, Enver Hoxha señalaba que pese a las peroratas de Pekín sobre; «no somos un gran Estado», «nosotros no nos convertiremos en una superpotencia», lo cierto era que China intentaba por todos los medios que los partidos a los que de una u otra forma influenciaba aceptaran su política exterior la cual sin duda iba por ese camino que negaba. El caso más famoso fue la negación del Partido del Trabajo de Albania a aceptar la «teoría de los tres mundos»; teoría por la cual China se puso de lado de la superpotencia de los Estados Unidos para «contrarrestar» a la otra superpotencia de entonces; la Unión Soviética revisionista. En este proceso ya de por sí antimarxista, China llego a apoyar la creación de la actual Unión Europea –antes llamada Comunidad Económica Europea– como «bastión contra la Unión Soviética», y en igual intención, estableció lazos más fuertes con los partidos revisionistas o gobiernos antisoviéticos que mantenían divergencias con los soviéticos; ya fuera estos representantes: Ceaușescu en Rumanía, Carrillo en el Partido Comunista de España, Tito en Yugoslavia, Marcos en Filipinas, Suharto en Indonesia, o el Sha en Persia. He por ello que el albanés estaba en lo justo cuando afirmaba que: «su «antirevisionismo» hacia los jruschovistas no ese basa en la ideología marxista-leninista», sino en una alianza de cara con todo lo antisoviético a cualquier precio.

En dicho camino, era normal que los chinos se fijaran en la política desarrollada por el revisionismo yugoslavo, ya que la «teoría de los tres mundos» era de similar corte a la «teoría de los mundos alineados», de ahí era normal que salieran a flote los piropos de la parte china a la parte yugoslava:

«El Presidente Mao Zedong dio la mano al Presidente Džemal Bijedić, a su mujer y otros distinguidos invitados yugoslavos se conocieron en una cálida bienvenida por su visita a China. El Presidente Mao Zedong luego tuvo una amigable conversación en un ambiente cordial. (...) Remmin Ribao les recibió con una bienvenido similar: «Existe una profunda amistad entre los pueblos de China y Yugoslavia. Los dos países de apoyaron en la guerra antifascista y se comprometieron después en la lucha contra el imperialismo y hegemonismo presente. La corriente visita del Presidente Džemal Bijedić servirá de ayuda para reforzar la amistad y unidad entre China y Yugoslavia, así como sus pueblos. Las amistosas relaciones y la cooperación entre los dos países será desarrollada aún más. (...) Después de la liberación, Yugoslavia y su pueblo hicieron un esfuerzo significativo en construir su economía y su defensa nacional. La industria y la agricultura se ha desarrollado regularmente y ha hecho que este país sea autosuficiente en cuanto a grano. En cuanto a las relaciones exteriores, los yugoslavos persiguen una política de no alineamiento, reforzando la unidad y cooperación con los países del tercer mundo y dando energías y apoyo en la lucha de diversos pueblos en sus movimientos de liberación nacional: esto firmemente ha sostenido todos los países grande o pequeños sean iguales internacionalmente en sus relaciones exteriores, que deben estar basadas en los principios de igualdad, independencia, respeto, y soberanía territorial íntegra: y en oposición al imperialismo y sus ansias de poderes hegemónicos. Esta política exterior de los yugoslavos juega un rol positivo en la causa de la unidad contra el hegemonismo, en la causa mantenida por los pueblos del mundo». (Pekín Informa; Vol 18, No. 41, 10 de octubre de 1975) 

De igual modo, el soporte a Nicolae Ceaușescu y al revisionismo rumano era algo habitual. El Comité Central del Partido Comunista de China, solía recitar las siguientes alabanzas:

«Desde el XIº Congreso del Partido Comunista Rumano de 1974, el pueblo rumano dirigido por el Partido Comunista Rumano encabezado por el camarada Ceaușescu, ha logrado nuevos e importantes éxitos en la causa de la construcción socialista sosteniendo la independencia y autodecisión y trabajando duro. El Partido Comunista Rumano ha conducido al pueblo rumano a librar una persistente y heroica lucha en defensa de la independencia nacional y la soberanía estatal. El Partido Comunista Rumano ha hecho positivas contribuciones a la causa revolucionaria de los pueblos del mundo luchando contra el imperialismo y el hegemonismo, combatiendo el colonialismo y neocolonialismo y apoyando la justa lucha de las naciones y pueblos oprimidos. El XIº Congreso del Partido Comunista Rumano de 1974 se celebra en una excelente situación internacional. Estamos convencidos que el congreso seguramente estará insipirado en el pueblo rumano y en la marcha adelante por conseguir nuevas victorias en la causa de la construcción socialista. Los dos partidos y pueblos chino y rumano siempre se han apoyado y alentado el uno al otro en la lucha contra el imperialismo y la causa de al construcción socialista. Nuestra amistad está basada en el marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario». (Pekín Informa, Vol. 17, No. 48, 29 de noviembre de 1974)

Es curioso los halagos de China a la política interior y exterior de dos países que se caracterizaron por su teorizaciones y prácticas revisionistas en el plano interior. En el plano exterior de estos dos países podíamos encontrar una sumisión a los Estados Unidos y a toda su política exterior; inclusive un apoyo explícito de guerrillas, partidos y gobiernos anticomunistas pro estadounidenses por todo el globo. Y pese a las teorizaciones antisoviéticas, también una participación en las estructuras económico-militares estratégicas de la Unión Soviética –el caso rumano y su estancia en el pacto de Varsovia y el Consejo de Ayuda Económica Mutua–, y sobre todo un endeudamiento salido del bolsillo del capital del Fondo Monetario Internacional y similares instituciones capitalistas que producirían la autodestrucción de estos dos regímenes –entre otros factores–. Sin duda, China tenía mucho de que beneficiarse de la relación con estos dos revisionismos a la hora de moverse entre las aguas del oportunismo, más concretamente a la hora de acercarse a los Estados Unidos y sus aliados, los cuales proveían a Rumanía y Yugoslavia de un apoyo total. 

El documento:

De izquierda a derecha: Elena Ceauşescu, Lin Biao, Nicolae Ceauşescu y Mao Zedong durante la visita del dirigente rumano a la República Popular China de junio de 1971. Fuente: Fototeca online a comunismului românesc. Cota: 73/1971

Alineamiento antimarxista

«Las actitudes de los chinos contra los revisionistas soviéticos traducen, en el fondo, acentuados puntos de vista chovinistas de gran Estado, a pesar de que los chinos se esfuerzan por ocultarlo cuidadosamente. De continuo remarcan que «no somos un gran Estado», «no nos convertiremos en una superpotencia», «combatimos entre los cuadros y el pueblo el sentimiento de gran Estado», pero la realidad no siempre confirma esto y, cuando se trata de tomar posiciones a propósito de las cuales conviene recoger por lo menos la opinión de los otros «más pequeños», porque esta opinión es indispensable, se abstienen de hacer esto y se enojan cuando se les hace observar dicha «negligencia». Los camaradas chinos piensan que los demás deben aprobar todo lo que ellos dicen o hacen, piensan que cualquiera de sus palabras y acciones debe ser considerada como un tesoro para el marxismo-leninismo y ser aplicada en todas partes. En este sentido es típica la cuestión de la Revolución Cultural que se desarrolla hoy en China, y que ellos consideran, sin la más mínima modestia, como una vía obligatoria para todos, sin preguntarse si esto será aprobado o no por el movimiento comunista mundial.

En la práctica, los camaradas chinos sienten desprecio por los nuevos partidos marxista-leninistas apenas creados. No respaldan ni ayudan a estos partidos, pero mantienen lazos con toda suerte de grupos, y sobre todo con los que alaban a Mao Zedonng y la Revolución Cultural, independientemente de las tendencias de estos grupos.

Su «antirrevisionismo» respecto a los jruschovistas no se basa, pues, en la ideología marxista-leninista. No combaten al revisionismo soviético desde posiciones de principio. Por el contrario, para los chinos todos los antisoviéticos son buenos, se alinean con ellos, independientemente de quiénes sean estos antisoviéticos: sea titoistas-revisionistas, traidores al marxismo-leninismo, agentes de los estadounidenses; sean revisionistas rumanos, ligados a los estadounidenses y a la reacción europea, o sean burgueses reaccionarios. Basta con ser antisoviético para tener la simpatía de los chinos.
Esta actitud antimarxista ha metido actualmente a China en un callejón sin salida, en un camino que, en caso de no abandonar, la conducirá derecho a la traición. El imperialismo y el revisionismo moderno conocen estos puntos de vista antimarxistas de China en la política que sigue contra la Unión Soviética y tanto el uno como el otro hacen esfuerzos por aprovecharlos al máximo.

Entre los revisionistas soviéticos, por una parte, y los revisionistas yugoslavos y rumanos, por la otra, existen contradicciones coyunturales, por lo demás naturales, pero, unos y otros trabajan de concierto para minar el socialismo en China. Estos tres complotadores revisionistas fraguan hábilmente, el uno contra el otro, intrigas, amenazas, presiones, tensiones, etc., para dar la impresión a China, cegada por su antisovietismo, de que entre Yugoslavia y Rumanía, por un lado, y la Unión Soviética, por el otro, se libra una lucha a muerte y que China «debe defender a los más débiles, porque así defiende a los pueblos».

China se alinea con Yugoslavia y Rumanía, sin fijarse en quiénes son, para atizar las contradicciones que tienen con la Unión Soviética. Y a buen seguro, estas contradicciones son atizadas por la propia Rumanía y la misma Yugoslavia, incluso más de lo debido, para que China caiga en la trampa. De hecho nada separa a China y Rumanía. Están plenamente de acuerdo entre ellas en lo político y lo ideológico, y han declarado que sus partidos son hermanos. Dicho de otra manera, para China, el Partido revisionista rumano y el grupo revisionista de Ceausescu son marxista-leninistas. Esta cuestión ha tocado fondo. El apoyo de China a Rumanía en sus diligencias políticas, su ayuda económica y militar, están asegurados.